Las pruebas genéticas durante la fecundación in vitro se promocionan como una forma de dar confianza a las pacientes: analizar el embrión, averiguar si es sano y seguir adelante con las mejores posibilidades de lograr un embarazo satisfactorio. Para un número cada vez mayor de pacientes, esa confianza resultó ser infundada. Una oleada de demandas presentadas contra las principales empresas de pruebas de fertilidad alega que algunas de estas pruebas se comercializaron como mucho más precisas y beneficiosas de lo que la ciencia realmente respalda, y que los pacientes tomaron decisiones irreversibles sobre sus embriones basándose en resultados que no eran tan fiables como se les había dicho.
Qué es lo que realmente detectan las pruebas genéticas preimplantacionales
Las pruebas genéticas preimplantacionales pueden adoptar varias formas diferentes, y no todas tienen el mismo fundamento científico. La PGT-M detecta una enfermedad específica y conocida, causada por un único gen, que se transmite de forma hereditaria. La PGT-SR detecta reordenamientos cromosómicos estructurales. Ambas se consideran ampliamente consolidadas desde el punto de vista clínico. La PGT-A, que comprueba que los embriones tengan el número correcto de cromosomas, es la técnica que se encuentra en el centro de la controversia actual, ya que su beneficio real para mejorar las tasas de éxito de la FIV ha sido objeto de un auténtico debate científico, a pesar de haberse convertido en uno de los complementos más vendidos en los tratamientos de fertilidad.
La creciente controversia jurídica sobre la precisión de la PGT-A
Desde finales de 2024 y hasta 2026, se han presentado una serie de demandas colectivas contra varias empresas importantes de análisis genéticos y laboratorios de fertilidad, en las que se alega que se indujo a error a los pacientes sobre la precisión y los beneficios clínicos reales de la PGT-A. En estos casos se alega que se dijo a los pacientes que la prueba aumentaría las tasas de éxito de la FIV, reduciría el riesgo de aborto espontáneo y aceleraría el tiempo necesario para lograr el embarazo, afirmaciones que, según los demandantes, no estaban debidamente respaldadas por los fundamentos científicos de la prueba. Este litigio aún está en curso y queda por ver cuál será su desenlace, pero refleja un cuestionamiento jurídico real y creciente sobre la forma en que se han comercializado estas pruebas entre los pacientes.
Por qué un resultado «anormal» falso puede tener consecuencias devastadoras
La cuestión central que se plantea en este litigio es el problema de los falsos positivos: un embrión calificado como anómalo que, en realidad, podría haber sido sano y capaz de dar lugar a un embarazo normal. Las pacientes, basándose en esa calificación, han descartado embriones o los han dejado congelados y sin utilizar indefinidamente, a partir de unos resultados que, según las investigaciones actuales, son menos definitivos de lo que se les hizo creer. Para una familia que ha dedicado años y una cantidad considerable de dinero a someterse a una fecundación in vitro, ese tipo de pérdida, basada en un resultado de prueba erróneo o exagerado, no es algo baladí.
Las lagunas normativas que lo hacen posible
Parte de lo que hace posible esta situación es un auténtico vacío normativo. Si bien los laboratorios y los equipos utilizados en la fecundación in vitro están sujetos a la supervisión de las agencias sanitarias federales de diversas formas, las pruebas genéticas preimplantacionales complementarias, como la PGT-A, no han sido autorizadas formalmente por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Esto deja más margen del que los pacientes podrían esperar para que las afirmaciones de marketing de las propias empresas de pruebas superen lo que realmente se ha demostrado en la investigación clínica.
¿Qué tipo de demandas judiciales se están interponiendo?
Gran parte de los litigios actuales se enmarcan en la legislación sobre protección del consumidor y prácticas comerciales engañosas, dirigidas contra las propias empresas de pruebas, en lugar de en la tradicional negligencia médica contra el médico que trata al paciente. Por otra parte, también puede surgir una reclamación por daños personales cuando una clínica no haya informado adecuadamente de las limitaciones reales de una prueba antes de que el paciente se basara en ella para tomar una decisión irreversible, ya que se supone que el consentimiento informado debe incluir una visión realista de lo que una prueba puede y no puede revelar realmente.
Tanto si una reclamación se refiere a un accidente de tráfico como a un incumplimiento de la obligación de información por parte de una clínica de fertilidad, se aplica la misma regla: una documentación exhaustiva desde el principio determina lo que el caso podrá demostrar en última instancia.
Qué hacer si te has basado en los resultados de la PGT
- Solicita el informe de laboratorio completo y la metodología en la que se basa cualquier resultado «anormal», no solo la conclusión resumida.
- Pregunta en tu clínica qué te explicaron exactamente sobre la precisión y las limitaciones de la prueba antes de dar tu consentimiento para realizarla.
- Averigua si los embriones clasificados como anómalos siguen almacenados en congelación o si ya han sido desechados.
- Guarda todos los formularios de consentimiento, folletos publicitarios o comunicaciones que hayas recibido en los que se describan los beneficios de la prueba.
- Consulta con un abogado si puedes formar parte, o si cumples los requisitos para unirte, a un litigio en curso relacionado con la comercialización de la PGT-A.
Un resultado de prueba engañoso no debería suponer el fin de la conversación. Ponte en contacto con Dermer Law hoy mismo para una consulta gratuita.